No discutas más fuerte. Pregunta mejor.
Si alguien intenta ofenderte dile: ¿Te sientes bien?.
Otra sería: ¿Tan malo fue tu día hoy?.
Haciendo estas dos preguntas es la forma más fácil de desarmar al oponente.
Esta frase nos recuerda que la inteligencia no se mide por cuánto hablamos, sino por qué tan bien guiamos la conversación. Una pregunta bien formulada tiene más poder que mil palabras con rabia.
¿Has usado alguna vez preguntas para desarmar una discusión?
Déjame tu comentario y comparte si te hizo reflexionar.