Y si tienes a alguien en tu vida que te ama como mi abuela me amó —en silencio, con fervor, sin condiciones—, cuídalo. Escúchalo. Aprende de él.
Son ellos quienes moldean quién eres mucho después de que ya no están.
Vive con el corazón abierto y un coraje inquebrantable.
Y recuerda: no importa cuántas veces la vida te derribe, siempre tienes la fuerza para levantarte, por las personas que amas y por ti mismo.