¿Alguna vez te has puesto tu blusa favorita y has sentido que algo no cuadraba ? No era la talla, ni tu estado de ánimo, sino una sutil falta de armonía que te devolvía la mirada en el espejo.
Quizás notabas ojeras más marcadas, la piel un poco menos luminosa o un ligero cansancio en el reflejo que no sentías. A menudo, la culpa no es de la prenda en sí, sino de su color. Los tonos interactúan con la luz y la piel de maneras muy significativas, y a medida que pasamos los 50, esa interacción se hace más evidente. Los colores que antes nos hacían lucir radiantes pueden de repente apagarnos, mientras que otros, sutilmente, nos devuelven la luminosidad. Aprender cómo los tonos combinan con tu tez puede realzar tu mirada y potenciar tu presencia al instante.
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