El nieto empujó a su abuela al lago, sabiendo perfectamente que no sabía nadar y que le tenía miedo al agua, solo por diversión: los familiares estaban cerca y se reían, pero ninguno de ellos podía imaginar lo que haría esa mujer en cuanto saliera del agua.

—Te arrepentirás profundamente de haberme tratado así —dijo con calma.

A lo lejos, ya se oían sirenas.

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