Vivía en una pequeña habitación alquilada.
¿Pamela?
Se había ido.
¿El niño?
No era suyo.
¿Doña Socorro?
Vendía bocadillos a la salida de una escuela.
Nadie la ayudaba.
Abrí su último mensaje:
“Rebeca… por favor. Al menos envía 5000 pesos…”
Sonreí.
Borrar.
Bloquear.
Porque el amor que una vez di provenía de mi corazón…
Pero la libertad que ahora tengo proviene de haberme elegido finalmente a mí misma.