Mi esposo pensó que nuestra hija de 15 años estaba exagerando con su dolor de estómago y mareos, hasta que la llevé al hospital y descubrí la verdad que ninguna madre está preparada para afrontar.

Le tomé la mano.

“Siempre lo haré.”

Y lo decía en serio.

Nuestra vida no es perfecta.

Pero es nuestro.

Y es seguro.

Y con eso basta.

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