Reconstruí mi vida poco a poco.
Me mudé a un pequeño apartamento con mi hijo. Volví al trabajo. Aprendí a valerme por mí misma de nuevo.
La última vez que la vi, me dijo fríamente:
«Esto se podría haber evitado si hubieras sido discreta».
La miré con calma.
«No», dije. «Se podría haber evitado… si hubieras sido decente».
Y en ese momento, comprendí algo que Alejandro apenas empezaba a darse cuenta:
El poder y el estatus pueden ocultar la verdad durante mucho tiempo.
Pero una vez que sale a la luz…
Ni siquiera un nombre puede protegerla.