Minutos después, todo se derrumbó.
Se llamó a seguridad.
Autoridades notificadas.
Cuentas bloqueadas.
Su nombre, borrado de todas partes.
—
Mientras lo escoltaban fuera, Alejandro se volvió, desesperado.
“¡No sobrevivirás sin mí!”, gritó.
Lucía sostuvo su mirada.
“Ya lo hice.”
—
Días después, la habitación se sentía diferente.
Más silencioso.
Encendedor.
Carmen estaba de pie junto a la ventana, sonriendo.
—Cumpliste tu promesa —dijo ella en voz baja.
Lucía asintió.
Una nueva vida. Una segunda oportunidad.
No se proporciona.
Tomado.
Y esta vez—
Ella tenía el control.