ENCONTRÉ A MI HIJA EN EL BOSQUE, CASI SIN VIDA. ELLA SUSURRÓ: “FUE MI SUEGRA… ¡DIJO QUE MI SANGRE ESTABA SUCIA!” LA LLEVÉ A CASA Y LE ESCRIBÍ A MI HERMANO: “¡ES NUESTRO TURNO! ¡ES HORA DE HACER LO QUE EL ABUELO NOS ENSEÑÓ!”

Zora.

Una tarde, mientras mirábamos la puesta de sol, Olivia dijo:

—Mamá… ya no me avergüenzo de mi sangre.

Sonreí.

—Nunca debiste hacerlo.

Porque esa sangre…

Era la sangre de sobrevivientes.

De mujeres que amaron pese al odio.

De hombres que lucharon pese a la injusticia.

De una niña golpeada en el bosque…

Que se levantó y creó una nueva vida.

No es sangre sucia.

Es sangre fuerte.

Es sangre dorada.

Y fluye ahora en las venas de mi nieta.

Zora Vance.

La sangre de los vencedores.

FIN.

Leave a Comment