Zora.
Una tarde, mientras mirábamos la puesta de sol, Olivia dijo:
—Mamá… ya no me avergüenzo de mi sangre.
Sonreí.
—Nunca debiste hacerlo.
Porque esa sangre…
Era la sangre de sobrevivientes.
De mujeres que amaron pese al odio.
De hombres que lucharon pese a la injusticia.
De una niña golpeada en el bosque…
Que se levantó y creó una nueva vida.
No es sangre sucia.
Es sangre fuerte.
Es sangre dorada.
Y fluye ahora en las venas de mi nieta.
Zora Vance.
La sangre de los vencedores.
FIN.