Daniel: Lo sé. Ya extraño anoche.
Emily se quedó mirando fijamente hasta que las palabras se le mezclaron. Su hermana menor, Lisa Monroe, había estado en su casa la noche anterior para cenar. Se había marchado sobre las diez. Daniel se había ofrecido a acompañarla hasta su coche bajo la lluvia.
Emily no lo había cuestionado.
Arriba, la ducha se apagó.
Noah susurró: “¿Mamá?”
Bloqueó el teléfono y lo dejó con cuidado, como si fuera a explotar. —Vete a tu habitación —dijo.
“Pero-”
“Ahora.”
Para cuando Daniel bajó las escaleras con una camiseta gris, secándose el pelo con una toalla, Emily estaba en medio de la cocina con el teléfono en la mano. La miró a la cara y se quedó paralizado.
“¿Qué pasó?”
Ella giró la pantalla hacia él. “Dímelo tú.”
Por un instante, la culpa se reflejó claramente en su rostro. Luego vino el parpadeo defensivo, la inhalación, la negación ensayada. «No es lo que piensas».
La frase le impactó más que el mensaje en sí, no por su significado, sino por lo predecible que resultaba.
—¿De verdad? —dijo Emily con voz tenue y fría—. Entonces explícalo.
Daniel se frotó la nuca. —Lisa estaba disgustada anoche. Hablamos. Eso es todo.
Emily soltó una risa corta y entrecortada. “¿Entonces, cuándo exactamente le mandas un mensaje a mi hermana diciéndole que la extrañas? ¿Después de tu sentida sesión de terapia?”
Se acercó a ella. —Emily, solo escucha…
Ella retrocedió. “¿Te acostaste con ella?”
Dudó.
Esa fue toda la respuesta que necesitaba.
Emily agarró las llaves y condujo directamente a la casa de Lisa, a veinte minutos de distancia. Le temblaban tanto las manos que casi se pasa dos de la calle. Lisa abrió la puerta vestida con pantalones deportivos y una vieja sudadera universitaria, y sus ojos se abrieron de par en par en cuanto vio a Emily.
“Em—”
“¿Te acostaste con mi marido?”
A Lisa le tembló la boca. Por un instante, Emily vio un destello de esperanza: la esperanza de que Lisa lo negara, se riera de ello, lo considerara absurdo. En cambio, Lisa se tapó la boca y rompió a llorar.
—Una palabra —dijo Emily—. Sí o no.
Lisa susurró: “Lo siento”.
Algo dentro de Emily se quedó completamente inmóvil.
Se disponía a marcharse, pero se detuvo al ver una ecografía enmarcada sobre la mesa del pasillo, parcialmente oculta bajo una pila de correo sin abrir. Debajo había una nota adhesiva escrita por Daniel.
Pronto se lo diremos.