Maisie dudó.
“Se confunde… a veces se esconde… No quería que supiera que me había ido.”
Esa sola frase le dijo todo a Nolan.
En el hospital, el caos se transformó en precisión.
Los médicos trasladaron rápidamente a Rowan a urgencias.
“Está en estado crítico”, dijo uno. “Pero está luchando”.
Maisie se aferró a la mano de Nolan.
“¿Puedo verlo?”
—Pronto —dijo el médico con suavidad.
En la sala de espera, Nolan se sentó con ella.
Explicó cómo habían estado viviendo: solos, aislados, apenas sobreviviendo.
A veces, alguien llamado “el ayudante” dejaba comida.
Siempre de noche.
Nunca se queda.
Nunca hacer preguntas.
Los instintos de Nolan se agudizaron.
Esto no fue solo negligencia.
Alguien había estado observando.
Poco después llegó la sheriff Rhea Langford.
Decidieron registrar la casa inmediatamente.
Antes de marcharse, Nolan se arrodilló frente a Maisie.
“Voy a buscar a tu madre. Te prometo que volveré.”
Ella lo miró atentamente.
“¿De verdad lo harás?”
“Sí.”
Ella asintió.
“Por favor, no la dejen sola en la oscuridad.”
La casa era exactamente como la había descrito Maisie: aislada, destrozada, olvidada.
En el interior, el aire olía a humedad y abandono.
Había comida sobre el mostrador; era reciente.